(+34) 976 61 57 16

Top
 
Ayuntamiento de Alcalá de Ebro / Dicho a las mujeres

La insula baratariaRabadan.-  Buenos días, Mayoral.

 

Mayoral.- Muy buenos, cara de perro. A dónde vas a estas horas después que hace que te espero y que voy en busca tuya un mes poco más o menos?.

 

R.- Este hombre será un idiota, o será algún embustero.

 

M.- Aun vienes con alta cara, grandísimo majadero, como no me des palabra de enmendarte de momento, te doy doscientos azotes y te marcharas contento.

 

R.- Pues usted lo pase bien que me voy de aquí al momento. Dios guarde a usted muchos años y hasta no más ver Don Cleto.

 

M.- Oye, ven aquí, estúpido ¿Dónde has estado este tiempo?

 

R.- Eso que usted me pregunta, no le hace falta saberlo.

 

M.- Esto es mejor que nada; pues es el muchacho fresco. Me estoy hartando de ti hasta encima de los pelos.

 

R.- No reniegue usted, mi amo, ni me gaste tan mal genio, que, si se le ofrece algo, …por el monte nos veremos.

 

M.- No me incomodes ya más, porque estoy que veo el viento; y si no fuera porque no me está bien el hacerlo, te exprimía entre mis uñas con la soberbia que tengo.

 

R.- ¿Le duele a usted el estómago, o le dolió en algún tiempo? Porque es causa el mal humor de dicho procedimiento.

 

M.- Márchate de mi presencia y no me vengas con cuentos; si te doy un puntapié, me parece que te estrello.

 

R.- Este hombre debe ser el terror del universo; ser general en jefe, o ser alcalde en su pueblo y en tiempos de los matones también sería uno de ellos; si no, fíjate, Perico, ¿Verdad que es un tío serio?

 

Perico.- No tiene muy buen carácter, y además gasta mal genio y es capaz de atropellar a todo el que tenga miedo.

 

R.- Pues yo no lo conocí, ni siquiera conocerlo, que cuando salí de casa ya me lo dejé, en el pueblo.

 

M.- No me seas insolente, y atiende a la razón, Pedro; como tú sabes muy bien te envié, el viernes al pueblo a llevarles a los amos aquella cesta de huevos; y ha sido tal tu tardanza que todavía te espero; al no verte regresar creí que te habías muerto, o estarías por el monte destrozado por los perros, o comido por los buitres o por las fieras deshecho; que todo esto que te digo ya ves que pudiera serlo; me fui por todo aquel monte, andando para tu encuentro y al no poderte encontrar ni verte blanco ni negro, abandone el ganado que deje en el monte suelto, y me baje a la ribera andando de pueblo en pueblo, que ha traído unas tormentas con vientos muy frioleros; así es que aquí me tienes estropeado por completo, pero yo por encontrarte nada se me hizo de nuevo.

 

R.- Ya recordar mi amo de cuando me envío al pueblo con aquel tiempo tan malo de chubascos y de hielos, con nieve hasta las rodillas, escarchas de palmo y medio y una niebla tan cerrada que no se veían los dedos; pues me perdí en el camino, y atravesando unos cerros, una escolta me asalto de famosos bandoleros; salieron tan grande cuadrilla disfrazados todos ellos, por delante y por detrás, avanzándome el terreno y un muchacho como yo que al fin nunca tuve miedo, uno de ellos se acercó, pero yo siempre sereno, y sin tener otro auxilio que ese dios de los cielos, me encerraron en la cueva.

 

M.- ¿y te cascaron?

 

R.- Los huevos, hicieron una tortilla que se chuparon los dedos.

 

M.- ¿Y tú que hacías entonces?

 

R.- Allí estaba muy atento mirando al punto de escape, y mientras ellos comieron salí por la chimenea que parecía un jilguero.

 

M.-  Pues entonces veo yo que tu estas hecho un tremendo.

 

R.- Eso yo siempre lo fui desde que Salí del pueblo.

 

M.- ¿No abandonaron la cueva y salieron a tu encuentro?

 

R.- En cuando Salí de allí ya no me pillaba el viento; y a muy pequeña distancia sentí que me dijo uno de ellos: Echa le un nudo a la cola.

 

M.- ¿Y que resulto de aquello?

 

R.- Pues nada, que me escape, a más de paso ligero, pasando grandes fatigas por aquel monte tan serio atravesando barrancos por montañas y cabezos, anduve así todo el día con más hambre que los perros y cercado de tristeza, desconociendo el terreno, la luz del sol se ausento, las ascuas se oscurecieron, llego la terrible noche con su manto no sereno, despidiendo unas tormentas con relámpagos y truenos; mas pensando ser víctima de los lobos carniceros que andaban por aquel monte sin ningún temor ni miedo, al momento columbre, la hermosa vega del Ebro por la grande iluminaria que tenían esos pueblos. También me vino a pegar una ventisca de cierzo, que me hizo saborear y notar muy de ligero el aromático olor que desprendía el puchero de las cenas que guisaban en ese nombrado pueblo que le llaman Remolinos comarcano y ribereño. Allí satisfice el hambre que llevaba hacía tiempo y aquella sed que también me apuraba por completo; y en buena cama de muelles pasé la noche en un sueño. Me levante a la mañana, Salí de allí muy ligero, y cogí la carretera din desperdiciar el tiempo; de un sonido de campanas ya vine a notar el eco, que fuertemente volteaban los jóvenes de este pueblo; pregunte, que día era y me contesto un mozuelo: es la fiesta principal que con devoción le hacemos al insigne San Gregorio, que es nuestro patrón excelso. Esto está a pedir de boca, conteste, muy de ligero, porque un zagal como yo, que abandonado me encuentro, si aprovecho la ocasión pasar, unos días buenos, comiendo y bebiendo bien y armando jaleos.

 

M.- No lo has pensado muy mal, pues yo para estar de fiesta, sería un gran compañero si nos corriera la renta.

 

R.- Aun he pensado otra cosa.

 

M.- Muy bien podemos hacerla.

 

R.- Nos vamos a Zaragoza, y cobramos la quincena y así podremos pasar unos días más de juerga.

 

M.- Eso es mejor dispuestos, pero si el amo se entera que dejamos por el monte abandonada su hacienda por venirnos a Alcalá a pasar aquí las fiestas, no tengas la menor duda que nos entrega la cuenta.

 

R.- De todos modos, mi amo, yo me quedo en la ribera porque causa gran placer… al ver esta hermosa vega con sus grandes arroyuelos que fertilizan y riegan con sus cristalinas aguas la extensión de nuestras parcelas que al pobre trabajador con el sudor de sus venas y a fuerza de su rigor le hace criar sus cosechas, tan hermosas y robustas que al agricultor sustentan. Ver al caudaloso rio y ver sus orillas llenas de verde y lindo follaje y frondosas arboledas. Hierbas de varias especies que por los campos verdean, formando hermosos vergeles que adornan toda la ribera, con las sonrosadas flores que trae la primavera. Sentir los sonoros cantos que se oyen por la pradera que al amanecer la aurora los pajaritos despliegan, realzando el día nuevo con sus notables orquestas. Ved los árboles frutales con fruta que colorea: Hermosos albaricoques, melocotones, ciruelas, peras, membrillos, granadas, azarollas y otras hierbas. Ver como suben y bajan por esas líneas férreas y los trenes que a los viajeros conducen con diligencia; inmensidad de carruajes que van por las carreteras; caballerías, tartanas, autos y motocicletas. También se ven reunidas en esta hermosa plazuela unas caras tan divinas de chicas que son tan bellas, y unos tipos tan flamencos que visten tan a la vela, que al mirarme en ese espejo se me van todas las penas, pues con la sal que derraman encantaran a cualquiera. Entusiasmado me encuentro con una alegría inmensa, al ver hoy en Alcalá reunida la grandeza de todos estos contornos; de poblaciones diversas que vienen con entusiasmo dando realce a las fiestas, colmado de regocijo con cara alegre y risueña, para honrar a San Gregorio, el protector de esta tierra.

 

M.- Supuesto que vienes diciendo te gusta tanto esta tierra, una idea se me ocurre, si tu quieres resolverla.

 

R.- Usted dirá, mayoral, y si es cosa que convenga muy bien podemos tratar del asunto que usted quiera.

 

M.- El asunto es muy sencillo, pues es su misión pequeña; es que tengo el compromiso por ser costumbre ya vieja con estos ocho muchachos que muy gustosos aceptan, hacer el pequeño dance que hoy este pueblo celebra, en honor a San Gregorio, con paloteado y tena, y hace falta un rabadán para que a estas mozuelas las ponga bien encarnadas, aunque sean verdinegras, para que les cante a todas cuatro verdades bien serias.

 

R.- Le agradezco mayoral por cuento de mí se acuerda, pues puede contar conmigo con lo que yo sepa. Aunque para mí no hay musa ni soy profesor en ciencias, ni tengo luces propiecias, como los grandes poetas; yo le doy a usted palabra con mi corta inteligencia de hacer los medios posibles por resolver el problema. No se quedar en olvido ni una joven ni una vieja, ni una casada ni viuda, ni una grande ni pequeña, pues tenemos por ahí una caterva de viejas que he de decirles verdades amargas como la yedra. Tampoco querrán ser menos esas mozas casaderas, pues también pienso decirles algo que les dará pena. A las señoras casadas les cantare las cuarenta, y a las viudas les dirá las verdades bien completas. En fin, que habrá para todas la mar de cositas buenas.

 

M.- Ya tendrás mucho cuidado no dejarlas descontentas, pues llévate por delante que si te cogen entre ellas vas a salir derretido como una vela de espelma. Ya habéis oído muchachos a cuanto el joven se presta; deseo sepáis cumplir como la costumbre ordena; guarden todos su atención y los músicos alerta, templando los instrumentos para principiar la fiesta.

 

FIN.