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Ayuntamiento de Alcalá de Ebro / La Ínsula Barataria y Alcalá de Ebro

José Ángel Sánchez Ibáñez

Dpto. Filología Española Universidad de Zaragoza

La insula baratariaDigo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba “la ínsula Barataria”, o ya porque el lugar se llamaba “Baratario”, o ya por el barato con que se le había dado el gobierno. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del pueblo a recibirle, tocaron las campanas y todos los vecinos dieron muestras de general alegría y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria. (M. de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, parte II, cap. 45)

 

En la segunda parte del Quijote (1615), la “ínsula Barataria”, de cuyo gobierno se hace cargo Sancho Panza, resulta ser uno de los lugares primordiales de la acción y la trama durante la estancia más prolongada de don Quijote y su escudero en las tierras de los duques aragoneses ( caps. 30-57). Especialmente -aunque no solo- en los capítulos 44, 45, 47, 49, 51 , 53 y 54. Pero, en el fondo, la “ínsula” está vinculada prácticamente con todo ese largo tramo ducal -podríamos decir- del libro, dado que el conjunto de sus capítulos conforma una sola unidad, con dos líneas de acción paralelas (y a veces tangentes): pues los hechos de don Quijote y los de Sancho, el palacio ducal y la ínsula, se evocan y requieren mutuamente. Por lo tanto, la presencia de la ínsula Barataria en el Quijote de 1615 resulta, en cuanto escenario de la trama o por su mención en otros pasajes, destacadísima.

 

La insula baratariaTradicionalmente se ha identificado la “ínsula Barataria”, lugar del que Cervantes no da otro nombre más esclarecedor, con Alcalá de Ebro. O por decirlo con mayor propiedad: Alcalá de Ebro seria el modelo último que inspiró a Cervantes los perfiles de la población donde Sancho sienta plaza de gobernador. Ello exige admitir, previamente, que los duques -también sin nombre declarado en el Quijote- son un trasunto literario de los de Villahermosa. Todas estas inferencias cuentan con una muy notable antigüedad, pues arrancan de las deducciones y especulaciones criticas con que el erudito aragonés Juan Antonio Pellicer ( 173 8-1806), uno de los primeros cervantistas de verdadera solvencia, nutrió la concienzuda edición del Quijote que preparó para el impresor Gabriel de San cha (Madrid, 1797-1798, 5 vols. ).

 

Ateniéndose, como dice él mismo, a “las leyes de la geografía y la cronología”, Pellicer escribe que en Alcalá de Ebro, “lugar de los duques de Villahermosa, supuso acaso nuestro autor la ínsula Barataria, fingida en la realidad [de la obra], pero verdadera y efectiva en el concepto de Sancho Panza”.

 

La insula barataria

Y es que en esa localidad ribereña “se verifican las circunstancias de fertilidad, abundancia y cercanía del castillo de los duques que atribuye Cervantes a la referida ínsula, pues con efecto es uno de los mejores lugares de aquella excelentísima casa [ducal], y está cerca del palacio de Buenavía [de Pedrola]. Concurre también en este pueblo la circunstancia de estar situado casi en forma de isla, pues de tal modo le circunda el Ebro que solo viene a quedar una lengua de tierra, por donde se comunica el palacio del duque con la villa”.

 

La convicción de que Alcalá de Ebro fue modelo de la ínsula Barataria se ha reiterado, de entonces acá, en variadas oportunidades. Así, por ejemplo, y con ocasión del centenario quijotesco de 1905, el prestigioso arqueólogo José Ramón Mélida puso su pluma al servicio de las conjeturas de Pellicer, contribuyendo a revitalizarlas.

 

Fdo. José Ángel Sánchez Ibáñez